Cruz, una vez al mes

Hace años que trabajo en el puerto y siempre escucho todo tipo de historias.

Pero la que me llamaba la atención era la de un señor jubilado que venía a saludar a todos sus ex compañeros.

Más de una vez lo vi llegar, decía hola, y seguía su camino. Con el tiempo fui observando cada vez más, siempre se quedaba charlando con alguien por los pasillos, o en alguna oficina, había veces que traía alguna torta o facturas y otras solamente saludaba y se iba.

¿Saludaba a toda la empresa, charlaba con todos, no tenía algo más divertido para hacer, extrañaba realmente a sus ex compañeros?

Eran las preguntas que mi cabeza se hacía, y mi mente no tardó en imaginar…


-Ese hombre en realidad nos usaba de coartada… todo cerraba perfecto.

Una vez cada tanto, ese hombre necesitaba matar a alguien, elegía una víctima al azar, la estudiaba unos días, y ahí estaba entre nosotros, saludando a todos, uno por uno, sin tardar un segundo de más, mantenía una charla de 5 minutos con alguien al azar, mientras su víctima no tardaba en despertar atada en una silla, en algún galpón abandonado, en medio de la boca.

Cruz tenía todo perfectamente planeado, secuestraba a su víctima, la llevaba al galpón sedada, y una vez ahí, atada, pasaba por su ex trabajo, que muy cerca le quedaba y una vez finalizada su visita, se iba nuevamente al galpón, a terminar lo que había empezado.

La víctima se despertaba y él ya estaba sediento de sangre.

Tenía cuchillos y sierras de todo tipo,  una vez finiquitado el asunto; cortaba el cuerpo en pedacitos, un poco se lo daba a las ratas,  si, a las ratas del río, que comen cualquier cosa y le resto, los hundía de a poquito en el hediondo Riachuelo.

¿Cómo sabía todo esto?


Me desperté tempranísimo, entraba a trabajar a las 07 am, pero me había comprometido a llevar facturas, así que salí un poco antes de lo normal.

Llegué y me puse en la fila para pedir, y ahí fue cuando lo vi, él ya estaba pagando, yo seguía esperando a que salieran las primeras medialunas.

Hubo algo, un momento, una mirada, una energía en el aire que me hizo sentir intrigada.

¿Qué hacía tan temprano? nunca venía a saludar a esa hora, entonces en un segundo algo en mi, me hizo tomar una decisión.

-Buuuuen diaaaaa - repitió la chica que me miraba desde el mostrador sin entender porque yo no respondía.

-buen di..me olvide mi billetera, perdón - dije y sin esperar respuesta ya estaba con un pie fuera de la panadería.

Mire para todos lados, y vi como cruzaba la calle corriendo. Estaba en el sentido contrario de cómo estaba estacionada, así que apenas subí a mi auto, gire en U a toda velocidad ya que los camiones no dan lugar a dudar por esas calles.

El, justo estaba parado en el semáforo, y no tenía intención de dar la vuelta para ir a su ex trabajo. Por lo que mi sospecha ya estaba por cumplirse.  Lo seguí unas cuadras, eran 7.10 de la mañana y ya no tenía intenciones de llegar a horario al trabajo.  Lo seguí unas cuantas cuadras, y ahí estaba poniendo el giro para doblar, iba derecho al riachuelo. 

Me mantuve un poco alejada, a esa hora no había muchos autos, y no quería que me reconociera.

A los pocos metros se frena, y no en un galpón como me imaginaba, ni tampoco estaba desierto, sino que era un local con las persianas bajas, rodeado de casas… frente al río.

La persiana empezó a abrirse y este ingresó el auto de culata cerrandose tras el.

No había posibilidad de espiar, ni hueco o ventana, tampoco se escuchaba algún ruido que me hiciera sospechar.  Así que decidí irme.

¿Que pretendía encontrar ahí, porque había reaccionado así,y  si veía algo? 

La cuestión es que llegué al trabajo un poco bastante tarde, y sin las facturas que había prometido llevar. 

Alrededor de las 11 de la mañana volviendo de buscar un café, lo veo a Cruz, saludando, como siempre, a cada uno de mis compañeros, que alguna vez fueron suyos, como si nada.

¿Por qué si lo vi a las 7hs, aparecía por acá a las 11hs?

El no era de capital,esa info la tenía chequeada,  vivía en Moreno. 

Entonces ahí estaba mi otro yo otra vez, ¿me lo iba a seguir imaginando, o resolvía el misterio?

No me quedaba otra que averiguar, estaba  a mi alcance, él estaba acá, y yo podía salir e ir donde esa misma mañana lo seguí. Tenía la dirección, pedí permiso, adelantando mi horario de almuerzo y en un abrir y cerrar de ojos, ya estaba en el auto, yendo nuevamente hacia ese local.

Llegue en menos de 10 minutos, estacione a una cuadra y media del lugar, no quería correr el riesgo que Cruz me viera, o que alguien más me reconociera, no podía pasar nunca desapercibida.

Me fui acercando… cada vez sentía más miedo, y más intriga. Se había nublado, y empezaba a caer una lluviecita fina. Me dio escalofrío la situación, pero seguí avanzando.

Llegue a la puerta del lugar que ahora estaba con la persiana abierta,  y no podía creer lo que veía, era un santería. De todos los locales posibles, tenía que ser una santería.

Me asomé, y por inercia gire el picaporte de la puerta y esta abrió.
No puedo explicar lo que sentí, no podía ser real lo que estaba viendo, era El.

¿Cómo había llegado antes que yo, por qué no lo vi entrar, como había pasado esto, qué estaba haciendo yo ahí?

Para mi sorpresa, se me quedó mirando y como si nada dijo:

- Hola, ¿que necesita?

Su cara sombría y endurecida, hizo que no pueda reaccionar, me había quedado sin aliento toda la adrenalina que me provocaba estar ahí parada frente a él, dentro de una santería, 

¿Como no me reconocía, por que solo me dijo hola?

¿Era la misma persona? Quizás estaba haciendo de cuenta que no me conocía, y yo sería su próxima víctima.

Se dio media vuelta y se agacho para agarrar algo, lo que me pareció ser un palo.

Salí del local en menos de 2 segundos, y corrí con todas mis fuerzas al auto, miré varias veces para atrás para ver si me seguía, pero no lo vi.

Acelere, tenía que volver, no estaba bien, estaba fuera de mi.

Me seguian temblando las piernas, avance unas cuantas cuadras, como pude agarre mi celular….

Llame a Nico, mi compañero, me habrá notado agitada

  • ¿estás bien? - pregunto

No supe qué responder a eso

  • ¿Cruz está en la oficina?

  • ¿Cruz? ¿Qué te pasa, estás bien?

  • solo respondeme eso Nico, dale

  • eh.. si creo que recién lo vi salir…

  • gracias - y corte 


Llegando al estacionamiento del trabajo lo veo caminando directo hacia mi.

Me tenía que arriesgar, tenía que preguntarle…

Pero ¿qué le podría preguntar? 

¿Cual era mi duda realmente?

¿Si era un asesino?

¿Si secuestraba gente y usaba la visita al trabajo como coartada?

Tenía que hacerle una pregunta que me cerrara todas mis dudas, sin parecer una trastornada…

  • Disculpe, ¿usted es cruz?

  • Si querida, ¿cómo estás?

  • Bien, yo quería hacerle una pregunta…

  • Si decime, ¿estás bien?

Me habrá notado exaltada,  y un poco sudorosa… 

A lo que respondo… 

  • Si, estoy bien.

  • Me alegro, decime querida, ¿en que te puedo ayudar?

  • Disculpe, pero el otro dia fui a una santería en la boca, y me pareció verlo…¿ era usted?

  • No querida, es de mi hermano gemelo.. Vive hace años por el barrio, yo soy del Oeste, pero siempre que puedo vengo a visitarlo, y luego paso por la terminal.

  • Ah, claro, un hermano gemelo- dije, repitiendo

lo mire a los ojos, me esquivo la mirada, miro al costado, se rasco el cuello un poco nervioso, o avergonzado.

  • Bueno querida, debo irme, hasta luego.

  • Sisi, disculpé, hasta luego.

Mi mente me había jugado una mala pasada, ¿por qué  juzgue a una persona de la forma que lo hice, porque me deje llevar tanto por mi desconfianza e inseguridad, será que si preguntaba en recursos humanos si existía ese hermano, sabrían decirme?

Empecé a reírme sola. Tenía que parar… todo lo que mi cabeza imagina.

Terminé mi jornada de trabajo, bastante cansada, más de lo normal diría.

La situación que había vivido por la mañana me había agotado mentalmente.

Estaba deseando la siesta que iba a dormir cuando llegara a casa.

Cuando subo al auto, lo enciendo y lo pongo en marcha… Enciendo la calefacción, seguía un poco nublado, pero ya no llovía. Cuando miro hacia el piso del asiento del acompañante, veo que en la alfombra había un pedacito de papel de panadería, y un collar con un dije, pero no cualquier dije, era un cruz y un infinito… 

Automáticamente me giré para ver que en la parte de atrás del auto no haya nadie, y así fue… trabe las puertas, presentí que esto no había terminado.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Fuera del mapa- la carretera en mallorca

Escribir en tiempos de apariencia.

Confesión de un loco amor