Fuera del mapa- la carretera en mallorca
A las cuatro de la mañana sonó el despertador. Había llegado el momento de volver. Mallorca todavía dormía. La noche anterior habíamos dejado las valijas listas y apenas habíamos pegado un ojo. Siempre me pasa lo mismo cuando viajo: me cuesta despedirme de los lugares que me gustan. A las 4:20 ya estábamos en el auto, con el GPS encendido y la ruta marcada hacia el aeropuerto de Palma. Mallorca tiene algo particular. Durante el día es una isla llena de vida, playas imposibles, pueblos de piedra color miel y caminos que parecen dibujados entre montañas y campos de olivos. Pero de madrugada se transforma en otra cosa. Las carreteras quedan vacías. Las rotondas aparecen iluminadas en medio de la nada como pequeñas islas de luz. Y entre una rotonda y otra solo existe la oscuridad. Nos esperaba una hora de viaje desde Cala Millor hasta el aeropuerto. Durante varios kilómetros no vimos a nadie. Apenas algún camión perdido en la distancia y el reflejo de nuestros faros avanzando sobre el asfa...